Es costumbre en mi familia ver las noticias por las noches, cuando estamos todos en casa y comentarlas juntos: la crisis económica, las revoluciones en los países árabes… Sin embargo, es llamativa la incesante presencia de noticias sobre víctimas a causa de la violencia de género. Y lo más llamativo es que cuando les preguntan a los vecinos, estos siempre contestan: “Estamos todos muy sorprendidos porque, la verdad, nunca se les había oído discutir. Siempre se les veía juntos y eran buenas personas, tenían un trabajo y nunca ha habido signos de maltrato…”

He aquí la respuesta: del maltrato psicológico al maltrato físico hay un suspiro. Como nos explicaron en el Auditorio de Alcobendas, los maltratadores comienzan aislando a las víctimas de sus amigos, de sus familias, con comentarios como: “No me gusta ese vestido”, “¿Por qué llamas tantas veces a tus padres?”, “Esos amigos con los que sales no te convienen” y “¿Quién es ese que te ha mandado el mensaje?” Una vez aisladas de su entorno, las víctimas se dan cuenta de que la única persona que les queda es su pareja, el propio maltratador, y que no pueden dirigirse a nadie por miedo a las represalias. En el momento en el que el maltratador entra en la fase de tener completamente controlada a la víctima, las agresiones verbales y psicológicas se vuelven cada vez más duras, hundiendo a la víctima en un profundo vacío cenagoso del que ella sola no puede salir. Por esta razón, en cualquier momento en el que la víctima quiera defenderse, las agresiones verbales pueden convertirse en agresiones físicas incontroladas. Y por esta misma razón es por la que he dicho antes que del maltrato psicológico al maltrato físico hay un paso muy pequeño.

En la charla sobre la violencia de género, dos víctimas nos contaron su historia. Una de ellas, Nadia, una mujer de mediana edad de origen marroquí y la otra, María, víctima directa, que había decidido emplear un nombre falso. En el caso de Nadia, era su hermana la víctima y Nadia nos cuenta cómo se ve desde fuera que alguien está sufriendo algún tipo de maltrato. Principalmente, lo describió como un aislamiento muy progresivo de las víctimas y un miedo profundo a hablar y a hacer cosas sin que el marido lo sepa. Por otro lado, María nos relató que fue su novio el que la maltrataba y quien la dejó sin amigos, aislada de sus padres a pesar de que vivían tres calles más abajo, sin trabajo y destrozada psicológicamente por no estar nunca a la altura de sus caprichos. Fue su doctora la que la envió a una psicóloga experta y fue esta la que le diagnosticó que estaba sufriendo violencia de género. Gracias a ella, María pudo salir de ese vacío cenagoso y recuperarse tras años de maltrato. Sin embargo, María hizo hincapié durante todo su relato en que en ningún momento su novio empleó el maltrato físico. Pero es que salir de un maltrato psicológico no tiene comparación con un maltrato físico. Es más, hay personas que no consiguen superarlo.

Historias como las de Nadia y María e historias como las que salen en los telediarios son las que nos recuerdan que la violencia de género es un problema muy grave de la sociedad actual. Son muchos los jóvenes que piensan que las mujeres deben complacer a los hombres. ¿Por qué? El desprecio hacia la mujer no es innato; se aprende. Y, desgraciadamente, vivimos en un mundo donde todo lo que nos rodea crea ese desprecio. Vídeos musicales de artistas renombrados como Rihanna, Katy Perry y Eminem y letras de canciones de Enrique Iglesias, Chris Brown y Kanye West hacen referencia a la mujer como un objeto propiedad de los hombres, donde las peleas y las posteriores reconciliaciones antes de volver de nuevo al maltrato son el tema principal de canciones que se escuchan en todo el mundo y encabezan las listas de los éxitos del año. Si la industria musical manda este mensaje, ¿cómo lo interpretan los jóvenes de nuestra sociedad? Y si la industria cinematográfica publica mayoritariamente películas donde las parejas viven felices y comen perdices y nunca muestran cómo continúan las relaciones de noviazgo, ¿qué imagen se está transmitiendo a los espectadores?

En definitiva, la clave para evitar la violencia de género está en la educación. Está en los padres. Y si los padres no nos transmiten esos valores morales, estaremos continuamente en un ciclo sin fin de víctimas a causa de la violencia de género que encabezarán los titulares de las principales cadenas de televisión. Hoy mismo ha muerto otra mujer; la número 58 de este año. Pero no nos engañemos. El hecho de que hayan muerto no significa que sean las únicas mujeres sufriendo la violencia de género.

Atenea Ríos, 2º de Bachillerato