Inevitablemente llega el día en que nuestros mayores de Primaria dejan de serlo para comenzar otro curso y ser lo pequeños de Secundaria. Ese día se hace realidad para todos en la graduación, cuyos ingredientes básicos se repiten año tras año: muchos nervios, lagrimillas por doquier, bromas, firmas, promesas, todo mezclado y agitado en el momento estelar de los alumnos de 6º. Los tutores del curso y los directores de Primaria y Secundaria hicieron entrega de los diplomas y las orlas, además de regalos de recuerdo para cada uno de los alumnos. Más tarde vimos un vídeo que había preparado Octavio, el profe de música, que resumía la vida de todos ellos en el colegio durante estos años intensos. Para terminar, ¡habían preparado una sorpresa! Lucía, la profe de música, había ensayado con los alumnos (con TODOS) un baile para este día. Todos los profesores pudimos ver desde las gradas una fantástica y dificilísima puesta en escena, brillante y llena de ritmo.
Al final todos juntos, profes y alumnos, nos reunimos en el comedor, para brindar por el futuro y desearnos la mejor de las suertes.
Y valgan como horizonte, en este nuevo camino, las palabras que Rudyard Kipling le dedicó a su hijo:

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
Todos la pierden y te echan la culpa;
Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti
Pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
Si puedes esperar y no cansarte de la espera,
O siendo engañado por quienes te rodean, no pagar con mentiras,
O siendo odiado, no dar cabida al odio,
Y no obstante, ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad.

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el Triunfo y la Derrota
Y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
Si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho
Tergiversada por bribones para tender una trampa a los necios,
O contemplar destrozadas las cosas a las que dedicaste tu vida,
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas.

Si puedes hacer una pila con todos tus triunfos
Y arriesgarlo todo de una vez en un golpe de azar,
Y perder, y volver a comenzar desde el principio
Y no dejar escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
Si puedes hacer que tu corazón, tus nervios y tus músculos
Te respondan mucho después de que hayan perdido su fuerza,
Y permanecer firmes cuando nada haya en ti
Excepto la Voluntad que les dice: “¡Adelante!”.

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud,
O caminar junto a reyes sin perder tu sentido común;
Si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte;
Si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el preciso minuto
Con sesenta segundos de un esfuerzo supremo,
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
Y, lo que es más, ¡serás un Hombre, hijo mío!